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Domingo, 02 de Septiembre de 2012 17:45 Editoriales - Estatales
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Ahora que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha declarado presidente electo a Enrique Peña Nieto, es posible que un funcionario panista que ocupa una cartera en el gabinete estatal se vaya a su casa antes de que termine el gobierno de Felipe Calderón.

Para no darle vueltas a este asunto, aclaro que me refiero al secretario de Desarrollo Económico del gobierno del estado, Enrique José Castro Soto, panista que antes de ocupar este cargo fue delegado de Profeco, y quien logró la cartera en la administración estatal en correspondencia al apoyo que dio el blanquiazul al entonces abanderado de izquierda Ángel Aguirre Rivero, apoyo expresado en la declinación del entonces candidato del Partido Acción Nacional a gobernador, Marcos Efrén Parra Gómez, a favor del ahora mandatario.

Es posible que los días de Castro Soto en el gobierno del estado estén contados, pero no solo porque su partido perdió la elección presidencial, sino, sobre todo, porque ha sido muy flaco el favor que le ha hecho al gobierno de Ángel Aguirre y a la sociedad guerrerense.

La explicación es sencilla: al señor lo pusieron a cargo del desarrollo económico de la entidad (la denominación de la dependencia a sus órdenes lo indica claramente), pero tal desarrollo no se ve por ningún lado. Salga usted a la calle, sobre todo a la Costera, y verá que los negocios siguen cerrando debido a la crisis económica que vive Acapulco –derivada en buena medida de la crisis de inseguridad pública, pero la causa no es lo que importa en este análisis–; y ya no son solo negocios pequeños, la fiebre de las cortinas cerradas ya llegó a los negocios medianos y, de seguir como va, dentro de poco estarán cerrando los grandes.

En otras ciudades del estado la situación puede ser mucho peor.

No se ve la mano de la Secretaría de Desarrollo Económico, ya no digamos para que más negocios se pongan en operación –que, se supone, es el objetivo de la dependencia–, sino tan solo para que no sigan cerrando los que ya operaban.

Poco después de que el presidente Felipe Calderón puso en marcha el programa Todos por Acapulco –que en su primera fase se centró en el aspecto de la seguridad pública–, el gobernador Ángel Aguirre anunció, como complemento, las partes que faltaban: un programa de renovación y recuperación de espacios públicos y otro de rescate de micros y pequeñas empresas, con créditos blandos (es decir a tasa baja y a plazo largo).

Pero todo empresario que se ha acercado a la Secretaría de Desarrollo Económico se ha topado con un muro: le dicen que para tener acceso al apoyo no debe estar boletinado en el Buró de Crédito.

¿Y cómo espera Castro Soto eso? Cuando los empresarios buscan el apoyo de las instituciones públicas es porque con las instituciones privadas ya no tienen modo de avanzar. Pero no es porque no quieran pagar los créditos que adquirieron, no es porque sean irresponsables, manirrotos o desorganizados. Es porque la crisis los ha acorralado en un callejón sin salida. Se supone que buscan el apoyo del gobierno precisamente porque están en problemas que no pueden superar solos.

La ayuda que Castro Soto ofreció no es la manera de apoyar a los empresarios pequeños. El panista falló en su encomienda. La dependencia debería no sólo calificar la solvencia financiera de los solicitantes de crédito, sino también, y sobre todo, su solvencia moral, pues que un hombre no tenga deudas no quiere decir necesariamente que no esté dispuesto a quedarse con lo ajeno, y que las tenga no necesariamente significa que es porque así lo desea.

Hay personas que se desviven por pagar sus deudas, por cumplir sus compromisos, por hacer honor a sus promesas, porque están convencidos de que lo más valioso que tienen es su palabra. Y si no pagan no es porque no quieran pagar; es simplemente porque no tienen con qué pagar.

Por el contrario, hay personas que no pagan aunque tenga con qué, simplemente porque no quieren pagar.

¿Cómo distinguir unos de otros? Más que consultando el Buró, haciendo un estudio socioeconómico de los solicitantes, analizando su comportamiento crediticio en periodos de bonanza económica (durante las crisis, muchos, si no es que todos, saldrían mal calificados). ¿No puede hacer eso la Secretaría de Desarrollo Económico? ¿O no se le ocurrió esa idea a su titular?

En alguna declaración que hizo a algún medio de comunicación, Enrique José Castro Soto dijo que la economía del estado debe diversificarse, para no depender del turismo, desarrollando la agroindustria y la minería.

Tal vez eso explique por qué su apoyo a los empresarios del sector turístico es tan pobre y tan condicionado.

Si teniendo una buena relación con el gobierno federal de Felipe Calderón, por ser panista, no logró impulsar nada en Guerrero, ¿qué se podría esperar de él ahora que el panismo tendrá que abandonar Los Pinos y el Palacio Nacional?. En los próximos editoriales seguiremos analizando el desempeño de otros funcionarios igual o peores que no han cumplido.

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